La funeraria detectó signos vitales y el hospital asegura que respetó todos los protocolos.
El 15 de julio en Río Claro, Brasil, un bebé de un mes llamado Noah fue declarado fallecido tras un paro cardiorrespiratorio en la UTI Neonatal del hospital Santa Casa. Sin embargo, dos horas después, una empleada funeraria notó que el pequeño se movía dentro de la bolsa para cadáveres.
Después de 45 minutos de reanimación, el equipo médico confirmó su muerte y lo dejó en la UTI para trámites legales y acompañamiento a los padres, antes de trasladarlo a la morgue.
Al llegar la funeraria, Regina Célia Paschoal escuchó ruidos y vio movimientos del bebé, por lo que abrió la bolsa y pidió ayuda. Su compañero, Matheus Batagello, llamó a una enfermera para verificar que el bebé seguía vivo. Ambos describieron la experiencia como angustiante y a la vez un alivio.
Noah volvió a la UTI para recibir cuidados intensivos y el 17 de julio fue trasladado al Centrinho de la USP en Bauru para continuar con su tratamiento especializado.
La madre, Leticia, contó que presenció todo junto a su esposo y que vieron a su hijo sin vida, con la piel morada, pero que luego lo vieron moviéndose y abriendo los ojos. En redes sociales, expresó emoción y fe en el milagro y destacó la lucha del equipo médico.
Desde el hospital Santa Casa informaron que se cumplieron todos los protocolos técnicos y legales rigurosamente y que no se identificaron fallas asistenciales. También señalaron la amplia trayectoria de la médica responsable en neonatología.
La institución calificó el caso como un hecho extraordinario que impactó a familiares y profesionales de la salud.

